¿Yahwe?,¿Yahshua?

De nombres hebraizachos y dichos superfluos.

Por R. Mijael Sofer

Rabino de la Comunidad Shema Sefarad

Madrid - España

 

He de reconocer, que a la hora de afrontar la escritura de este pequeño artículo, me embarga una sensación de navegar contra la corriente. Pero con la certeza del que sabe dónde está el norte y ha manejado las cartas de navegación durante bastantes años y muchas travesías, me decido a mostrar a alguno (al que quiera leer y meditar) la forma de interpretar las cartas de navegación milenarias.

Desde hace unos pocos (muy pocos) años, nos están llegando correos, parashot, alguna derashah, etc. Con diferente contenido pero con una enseñanza (que no doctrina) acerca del nombre divino y del mesías. He leído muchísimas veces y oído también otras tantas que el nombre del Eterno es “Yagüe” (según la fonética castellana) y que la pronunciación correcta del nombre del mesías es “yahushúa” (sonando yajusúa).

He escuchado atentamente, he leído atentamente, y después de valorar toda esta información he creído que debía escribir esta reflexión (no pretendo crear doctrina).

De todo lo leído y escuchado, he entendido que estas son algunas de las enseñanzas  como argumento para utilizar estos nombres:

1.- Por tradición se dejó de utilizar el nombre “Yagüe”.

2.- Los profetas y el mismo mesías pronunciaban “Yagüe”.

3.- Cuando leemos que El Gibor, dice la expresión  “mi nombre” se refiere fonéticamente a la pronunciación “Yagüe” (ejemplo Jeremías 23: 27).

4.- El nombre del mesías es “yahushúa”  y la prueba de que esta transliteración y pronunciación son las correctas, está en Zacarías 6:11.

Con todas estas afirmaciones podré empezar a argumentar mi enseñanza.

1/ Es incuestionable que por tradición religiosa (reverencia) se dejó de pronunciarse el nombre personal de Elohim allá por el siglo  3 anterior a la era común.  Y que desde entonces, diferentes “títulos” han sido utilizados. Por supuesto que estos títulos citados no son incorrectos, pues eran la forma de referirnos a “Un Todo”, con la sola mención de una de sus múltiples  características de  Elohim”: El Shadday, El Olam, El Elohey Israel, El Elion, etc. Es bien conocido que esta forma de proceder se denomina sinécdoque, y que es ampliamente utilizado por los autores del Tanaj.     

Yo, a la verdad, no veo nada pecaminoso en esta práctica;  más, teniendo en cuenta que se hizo por respeto. Para  ilustrar esta afirmación y no parecer caprichoso o de proceder  de forma arbitraria, pongo un ejemplo. Creo que todos los lectores saben que en España hay reyes; ya, ya sé que la administración de EEUU se empeña en que seamos una república, pero creo que eso es por ignorancia. Bueno, pues a los reyes de España jamás se me ocurriría llamarlos Juan Carlos y Sofía. Por respeto se les designa como “Su Majestad” “el rey” “Los reyes”, nadie utiliza coloquialmente sus nombres “de pila”, (de pila bautismal claro).

La importancia de estos seres humanos hace que a la hora de dirigirnos a ello, les hablemos en los términos de majestades y no como si fuese el vecino del 5º con el que nos tomamos algo los fines de semana.

Me llama mucho la atención, que en las versiones inglesas del Tanaj (versión del rey Jaime), se utilice de forma reiterada y errónea el “ustedes” y cuando hablamos del Eterno, queramos tutearlo, como a un amiguete. Y digo esto porque todos estos nuevos vientos del “yagüe y  el yahushúa” nos vienen de gente de  un país de habla inglesa.       

Sigamos con el “Yagüe”. Nos aseveran, que era el nombre que pronunciaban los neviim del Tanaj y que si no se pronuncia este nombre, cometemos un pecado tremendo.

Quiero decir a mis lectores, que la palabra que se describe como “tetragramatón” (o nombre de cuatro letras) no es un sustantivo, sino que es un calificativo (adjetivo). Es decir que de la misma manera que Mashiaj no es sustantivo (nos expresa lo que es: el ungido); tampoco lo es Yhvh: El Eterno.

No puedo dejar, en honor a la verdad, que se diga que Moshé escuchó el sonido de “Yagüe”, pues en el texto del Tanaj que se utiliza como argumento dice así: “`Eheié `asher `eheié”, lo que podemos traducir como “Yo soy el que soy”, y no un “Yagüe”. Está muy bien, y es correcto argumentar con el texto del Tanaj. Pero lo que está escrito, está escrito, no podemos  manipular lo que está escrito hace miles de años a nuestra conveniencia.

¡Ya me gustaría saber cómo se pronuncia!, pero no por ello, me voy a inventar el sonido. Y digo esto, porque nadie puede asegurar la pronunciación correcta, toda vez que se dejó de pronunciar hace más de 2000 años.

Volviendo a la “influencia sajona”, es de reseñar que si bien es cierto que en las transliteraciones inglesas del tetragrama se utiliza la w para la vav (w), no es correcta esta pronunciación. No hay sonido W en hebreo (a la manera del whisky en inglés), aunque es cierto que en los manuales de origen inglés transcriben la vav con la W. Ocurre lo  mismo cuando se transcribe ch por la “Caf” con dagesh (K), su sonido no es el “ch” de chalado, sino la J de Jaén. Por tanto el sonido a pronunciar, sería de “V” de Valencia y no W de whisky.

Para demostrar esto utilizaré tres ejemplos: la famosa reina de Babilonia se llamaba Vashtí, a nadie se la ha ocurrido llamarla Güastí, sino Vasti. Pero además, si seguimos esta forma de transcribir, nos encontraríamos que ya no es la tribu de Leví, sino de Lewí (legüi), ni el rey David, sino Dagüid. Seamos serios, no estamos hablando de un libro de cocina, sino del TANAJ.

Llegados a este punto  nos encontramos  de momento con:

a/ La pronunciación “gü” de sinvergüenza, es incorrecta al asociarla a Yhvh como sonido original.

b/ Nadie sabe la pronunciación real, pues se extinguió por tradiciones humanas. Demostrado, por la práctica de pronunciar hasta la saciedad la incorrecta forma del “GÜ”

c/ Lo que escucho Moisés no fue  “Yagüe”.

Puedo añadir a esto que:

La He (h) es aspirada. ¿Puede alguien que pronuncie “Yagüe”, decirme como pronuncia la h?, porque hasta ahora lo único que he leído es que pronuncian la y y la w, pero no la h. Por tanto, ¿cómo pronuncian la h?, ya que esta no es muda como la h española, sino que su sonido es media jota (una jota muy suave). Querría saber también, ¿por qué sí pronuncian lo que ellos creen ser el sonido de la Yod y la vav, pero no la He?, ¿por qué razón?

Personalmente, y debido a su erudición, creo que es porque el hebreo que saben lo han aprendido leyendo artículos en internet. Cualquier catedrático de hebreo se reiría hasta la saciedad al leer estas afirmaciones tan esperpénticas.

Curiosamente, los autores de estos supuestos estudios (sobre los nombres) se descalifican unos a otros, llamándose mentirosos y promulgadores de mentiras, y desde luego merecedores del más terrible infierno por pronunciar un nombre incorrecto.

Me recuerda esto cuando era niño y en un chiste infantil decíamos: mira, mira una eroplano, y el otro decía: que no, que no, que es un vión, y el tercero decía: no sabís naida, que es un parato. A lo que riendo podríamos añadir ahora: “avieras estudiao”. Esto es lo que bajo el calificativo de estudios, les está llegando a algunos. Están apareciendo muchos “maestros liendre”, que de nada saben y de todo entienden. Estos deberían aprender en vez de querer ser maestros. Es cierto que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, ¡pero es que hay “personas con dos ojos”!

De esta manera y con esta seriedad, lo único que conseguiremos es que sigan diciendo los ortodoxos, que los judíos mesiánicos, son una secta protestante. Y es que por la forma de escudriñar el Tanaj y sus doctrinas, se parecen algunos más a una nueva secta contemporánea de los “testigos de Jehová”, de los “adventistas” o de los “mormones”, que de verdaderos seguidores del mashiaj.

Pero sigamos, ahora con el yahuwshua, yahshua o iajuwshu à. No tengo la menor duda de que quien enseña esto, no tiene ni idea de hebreo, es más: tampoco sabe transliterar, y tampoco sabe que los acentos circunflejos, apóstrofes y demás signos, sólo sirven para aquellos que leen transliteraciones y tiene que volver a escribir el texto en hebreo.

Desde luego a una persona de habla castellana y  que no sabe hebreo, leer iâshâ` lo único que hace es liarle y no comprender nada. Al transliterar lo que pretendemos es que el lector del idioma en que hemos transliterado, sepa qué pronunciar para que el sonido que sale de nuestra boca se asemeje a la pronunciación original. Y digo que se asemeje, porque tengo una lucha personal con algunos hermanos de Hispanoamérica que no consiguen oír la diferencia entre “chalom”, “salom” y “Shalom”; igual que tampoco perciben la diferencia entre Valencia y Barcelona.

Más perplejo me quedo cuando utilizan unas traducciones del Tanaj, que se las deben haber hecho ellos mismos “con su erudición” y leemos esto:

 94. (87) ...los hijos de la alcoba nupcial servirán activamente a los hijos del matrimonio.  Los hijos de la alcoba nupcial tienen solamente un nombre entre sí, el Reposo, porque ellos ambos Lo compartirán mutuamente, haciendo que ellos no necesiten nada. 

95. (88) Ellos no necesitan tomar ninguna otra forma [del nombre] porque ellos tienen contemplación, comprendiéndolo mediante introspección.  Ellos son ricos [shú`a] porque ellos no acumularon sus tesoros en las cosas de abajo, cuales son despreciadas, sino en los honores que están arriba, aunque ellos no los habían todavía conocido. Buenas Noticias de Fílippos 94-95

 

Lo tremendo es que se quedan tan “panchos”, pero ¿Quién entiende esto?, creo que deberían aprender a escribir en castellano, pues me recuerda a las películas de “vaqueros”: jao, yo águila blanca , ¿tú quien ser?.

Señores y señoras, estamos cayendo en el ridículo más estrepitoso. ¿Quién hace estas traducciones? ¿Qué conocimientos tiene? ¿Dónde estudio? ¿Quién fue su maestro? Que una persona sepa dónde está el estómago y tenga un bisturí, no significa que sea cirujano.

Por otro lado es significativo que quien escribe estas transliteraciones coloca un “qibús”  sin consonante hebrea; señores, las vocales se inventaron para acompañar a las consonantes hebreas y dar el sonido adecuado, sino no hay consonante ¿cómo va a haber vocal?. Esta apreciación es referente al nombre  Iâjuwshú à.

Tampoco quiero dejarme en el tintero (en el teclado) una cosa que me impresiona bastante. Cuando los signos vocálicos que aparece en las Masora no les vienen bien, no pasa nada, se cambian y aquí todos tan felices. Aquí la prueba:

       ¿Cómo se llama el Verdadero Ungido?

יָהְוֶה   יָהוּשֻׁעַ

                                 Iâjuéh Iâjuwshú`a

 

Observen, como los puntos vocálicos no coinciden con los textos del Tanaj. Para colmo no saben que la sevá que han colocado debajo de la He, no es muda al estar detrás de qámets (sonido a), lo es detrás de vocal débil, en este caso detrás de qámets hatuf (sonido o), por lo que debería transliterar: Yaheveh. “Ya se ve” (juego de palabras) lo que sabe de hebreo.

Además quiero añadir algo MUY IMPORTANTE. Estos escritores hablan del hebreo como una ciencia exacta, y no lo es. Se les ha olvidado decir (o no lo saben) que el hebreo que ellos utilizan (de transliteración anglosajona) en muchos casos es de origen askenazi, cuando todos los eruditos  (los que yo conozco al menos) afirman que la pronunciación más correcta (porque es la pronunciación de Judá) es la sefardí. La muestra: los askenazis pronuncian Kosher, los sefardíes decimos Kasher.

Queriendo terminar, para no hacerlo pesado y “cansino”, me referiré al supuesto nombre del mesías. Dicen que la prueba de su correcta traducción (o transliteración) está en Zacarías 6:11. Dicen así:

Le adjunto una imagen de Zajar-yahu/Zacarias 6:11 donde aparece el nombre de Yahushua, el hijo de Yahu-zadaq. 

Gracias por escribirme.

 

Lo que no dice el autor de este artículo, es que sólo ha puesto las consonantes, ninguna vocal, así puede argumentar lo que le dé la gana. El texto en cuestión dice así:

Yod/sevá—He/olam vav—Shim/qibús—Ayim/pátah , que transcrito al castellano sería: Yehosúa.

¡Pero si es muy fácil!, sólo basta con leer el texto, sin argumentaciones artificiales o manipuladas.

Acabando ya con este artículo, pues no creo que haya que argumentar mucho más, sólo responderé a una afirmación que he leído:

   a/ La letra Y en español, no suena igual que la Yod.

Que afirmación tan peregrina. ¿Sabe el que ha escrito esto, diferenciar el sonido Y de la LL?. No suena igual. Yeshúa e Ieshúa, suenan igual. Lo que no suena igual es Yeshúa y Lleshúa. Tampoco suena igual Yeshúa y Yesúa.

b/ Sus, es caballo. Por tanto Jesús es una palabra que nos habla de un caballo. Que no, hombre, que no. Que Jesús viene del griego, no del hebreo. Cuando leía esto recordé algo que una hermana me dijo: “en mi país me enseñaron que no se podían decir palabras que sonasen mal porque eran pecado”, a lo que yo le pregunté ¿qué palabras?, y ella casi con rubor me respondió: las que tengan por ejemplo la palabra culo. ¡Me quedé sorprendido! Y le contesté ¿cómo llaman entonces a la tuberculosis? ¿y a la patata? ¿Ya no es un tubérculo? Por favor, el problema está en nuestra mente, no en las palabras. Las palabras representan objetos, situaciones, emociones, etc. Si yo voy en el metro de Madrid y le digo a mi esposa ¡cójeme!, no estoy hablando de nada sexual. ¡Caramba!, es que me estoy cayendo. Las mismas palabras se refieren a cosas diferentes (incluso en países con el mismo idioma). ¡La cantidad de conchas que he cogido en las playas del Mediterráneo!, las tengo en la mesa mi casa.

Como colofón, pues parece que nadie ha reparado en ello, decir que esta grafía no es hebrea sino aramea, conocida vulgarmente como hebreo cuadrado. Obviamente dista del hebreo primitivo, cuyos caracteres eran fenicios. Por lo cual nos acercamos a una verdad no declarada: estamos hablando de escritura aramea, y por tanto también de pronunciación aramea.

Nadie ha recabado en esta cuestión: ¿cómo llamaba su madre al que después fue conocido como el nazareno?, la respuesta es Yeshúa. Podremos decir y escribir lo que nos dé la gana, argumentar que si en hebreo era así o asá. Pero son argumentos vanos. Siglos atrás, en España la J era X (ximénez), y así otros ejemplos. Si hoy decimos Fernando Gonzáles, estaremos hablando del tenista chileno, pero si decimos Ferrand Gonçalez, estamos hablando de un judío converso de Segovia (España) del siglo XV. No es lo mismo, ¿verdad?, pues eso pasa también con el nombre del Mesías. No busquemos mirlos blancos, pues no hay; tampoco unicornios, ni nombres que nunca han existido en hebreo como el Yagüe, iagüe, IâjuWshú`a, o despropósitos semejantes.

Estos más que artículos de estudio, podrían catalogarse como desvaríos paranoicos y esquizoides dentro del contexto religioso (sin ánimo de ofender a nadie, de verdad).

Yo le seguiré llamado como le llamaba su madre, sus Sheliajim, las mujeres que le seguían, los judíos que le condenaron y los romanos que le mataron. Y al Eterno, con título, que me parece más solemne, no con un nombre “made in américa” que nunca nadie conoció ni oyó, y que se parece más a la relación con un compadre, que con el Altísimo, su Majestad, el Santo de Israel.

Que le llamen como quieran, será como volver al Jesús, para mí y en base a la evidencia escritural e histórica seguirán siendo: Yeshúa hamashiaj y el Dío (que es como decimos los sefardíes), pues para mí sólo hay un Señor (los demás son a lo más, señoritos y pamplinas).

Berajot.