Shejiná

                                                                                                                                                      17/06/2019

Shalom estimados/as

Cuando el ser humano desecha lo santo, lo bueno y verdadero; edifica sobre falsedades e imprecisiones.   Comienzo con esta afirmación  con el objetivo de que seamos conscientes de que nos encontramos rodeados de doctrinas religiosas que perpetúan enseñanzas defectuosas cimentándose en determinados pasajes de la escritura.

Alguna vez te has preguntado ¿Qué es la presencia de Dios? y ¿Dónde se encuentra la presencia de Dios?, es lo que los judíos denominamos la Shejiná del Eterno.

Hemos oído tantas veces en diferentes contextos religiosos este tipo de expresiones: ‘’ ¡Aquí siento su presencia!’’ o ‘’ ¡Aquí no está la presencia de Dios!’’

Pues bien, recordemos un pasaje que dice: ‘’El Dío que hizo el mundo y todo lo que hay en él, siendo señor del cielo y de la tierra, no habita en templo hecho por manos’’ (Hch. 17:24).

Debemos hacer una clara distinción entre lo que Adonay manda y lo que a nosotros nos parece bien o mal. Para aquellos que sienten la presencia del Eterno lamento decirles que no está en ningún lugar (Casa=Templo) hecho por hombres, como bien se describe arriba. También podemos hacer otra lectura sobre este aspecto en  Levítico 12.

Un dato muy importante que quiero aportar a los lectores/as es que la presencia de Dios, viene de la palabra hebrea Shejiná y NO aparece en la escritura, en ningún lugar. Shejiná viene de shakan: la presencia divina que habitaba entre los hombres (la que reside o la que habita). Esta palabra aparece por primera vez en el Targum de Onkelos, es decir, en una paráfrasis que realiza este hombre al explicar el siguiente pasaje:

‘’No habéis de servir a Adonay de esa manera, sino que el lugar que El escoja entre todas vuestras tribus para poner allí su Nombre, para su morada, ese buscaréis y allá iréis’’ (v 4,5)

¿Dónde está la morada del Eterno? ¿Dónde está el nombre del Eterno? (‘’nombre y morada’’ son expresiones que se refieren a su presencia).

No hace falta ser un gran erudito para saber que el Eterno escogió Jerusalem. Por razones que sólo Él conoce, sólo hay un pequeño pedazo de tierra en donde el Dío elige revelar lo divino y elevar al hombre en la máxima cúspide de espiritualidad humana. El Eterno es muy claro en los aspectos de su elección: escogió una tribu (Judá), una ciudad (Jerusalem), un sitio exacto (el monte Moriah), un objeto (la tapa del Arca de la Alianza).

 ¿Ha escogido otro pueblo, lugar, ciudad, edificio u objeto?: dejo al lector la respuesta.

Meditemos sobre esto: debemos entender la shejiná como la gloria del Eterno manifestándose cuando su pueblo guarda su palabra. No existe ninguna revelación del ‘’Espíritu’’ si no se cumple su palabra y muchísimo menos El ‘’habla o nos enseña todas las cosas’’ cuando no está su presencia. Debemos buscarlo en su palabra, en su Torá, en el Mesías.

Israel es el pueblo del Eterno, somos su pueblo si cumplimos su palabra. No nos dejemos engañar por embaucadores.

Siento decirles que no es posible sentir la presencia del Eterno, pero sí lo es manifestar su reino través de su voluntad, ya que el Reino del Eterno está donde se obedece su voluntad, donde la ley de su reino es la forma de gobierno; y que no te engañen. Sentir es algo vano, mera sugestión. Nosotros somos un pueblo que vimos y vivimos:

Vimos la gloria del Eterno en el desierto; vimos abrirse las aguas del mar dos veces; vimos las columnas de fuego y humo; vimos el monte ardiendo; vimos milagros y proezas a lo largo de siglos; vimos al Mesías  vivo, muerto y resucitado.

Necesitamos ver, oír y palpar: eso es vivir la Torá, no sentirla. Seamos fieles discípulos del mesías y judíos de verdad.

Amén.