En muchas ocasiones he leído artículos, estudios, incluso he visto vídeos donde se argumentaba que diferentes naciones eran hijas del Eterno. Se hacían oraciones y se proclamaban profecías sobre devastaciones y sunamis que nunca ocurrieron.

No hay dos naciones, no hay dos Israel, no hay varios pueblos, ramas, tallos o lo que se quiera inventar el evangelista, pastor o apóstol de turno.

Es muy importante este concepto. ¿Se imaginan a una mula a la que dicen eres un Pura Sangre?, pues eso.

Sin olvidar esto, nos acercamos a la parashá de esta semana. Esta porción contiene una legislación muy específica, sobre un tema muy delicado: los celos.

Cuando uno lee todo el pasaje, le puede dar la sensación que todo el contenido es un desvarío. Como si fuese un relato irreal, sacado de una película de sortilegios o encantamientos.

¿Sería posible realizar esta ley en nuestros días?: No, la respuesta es lógica. Alguno puede pensar que mi respuesta es poco espiritual, que lo racional es de este mundo y la fe del reino del Eterno. Pero hay algunas cuestiones  muy importantes que debemos tener en cuenta:

1/ No hay Templo, ni Tabernáculo.

2/ La Torá fue dada para vivirla en Israel.

3/ Cuando se dio la Toráh no se contempló como una opción que el pueblo viviese en pecado, que perdiese la posesión de la tierra, sino todo lo contrario, y por tanto la “Presencia del Eterno estaría siempre en medio de su pueblo” (5:3)

Sin la presencia del Eterno en medio de su pueblo (se produce la rebelión recogida en el capítulo 11), Hay muchas cuestiones o prácticas que son imposible de realizar. 

Si lo que se produce por su presencia, lo queremos tener sin él, es sencillamente un fraude. Esa manifestación dejó de producirse y todo aquello que era la consecuencia de estar la Gloria del Eterno entre su pueblo, se disipó.

Hoy en día hay muchos que quieren la Gloria del Eterno, sin obediencia. No se cansan de decir que la presencia del Eterno está en lugares donde se anula la Toráh. Buscan milagros, como si se tratase de comprar algo en el Super. Sin santidad, sin obediencia, sin temor del Eterno, sólo encontramos superchería y circo.

Esa manifestación sobrenatural del juicio “perfecto” del Eterno, se producía por su permanencia. Hoy esa “permanencia” no se produce: el Templo está destruido y en su lugar hay dos mezquitas.

Por eso sería una locura usurpar el juicio del Eterno en esta cuestión. Es una locura buscar milagros desde la anulación absoluta de la Palabra del Sinay.

Debemos buscar la santidad. Algunos religiosos creen que la espiritualidad está en gritar, llorar, hacer oraciones emotivas, sin darse cuenta que eso existe en todas las religiones. Lo que marca la diferencia es la obediencia al Eterno. Si quieres milagros y guardas el día de Mitra, o celebras la navidad: háztelo mirar y no engañes más a los incautos.

Debemos esforzarnos por agradar al Eterno.

Sólo así el Eterno se manifiesta en su pueblo. Sólo así podemos ver la gloría del Eterno, su justicia y su amor.