Cita: Prov. 29:27

¿A quién le gusta lo desagradable? ¡A nadie!

¿Habrá alguien tan “raro” como para que le guste lo feo, lo desagradable, lo mal oliente, la reprensión o la crítica?

¿Quién prefiere el dolor al placer?

¿El llanto a la risa?

¿El empujón al abrazo?

¿El golpe a la caricia?

Pero no todo es tan fácil…

“Cuando la alabanza viene del conquistador, cuando la caricia del maltratador, o la risa de la boca del escarnecedor, es preferible la herida, el llanto, el golpe y el dolor que esas trampas adornadas de lo apetecible”

Quiero hablaros hoy de nuestra actitud ante estas situaciones, que son comunes y “normales “, en el mundo en que vivimos.

Leer Proverbios 29:27

A/ “El hombre inicuo es aborrecido por los justos, y el camino recto es aborrecido por los inicuos”

Estas palabras son un axioma y debemos tenerlo muy claro

“Tan claro como que el fuego quema y el agua moja”

Y aunque el verso habla de la iniquidad y de la rectitud, de los justos y los inicuos, podemos proyectarlo sobre otros “campos”.

Inicuo: malvado, injusto. La iniquidad es la cualidad del malo y se define como maldad grave, gran injusticia.

Todos sabemos que hemos de alejarnos de la maldad (grave o leve). Que la injusticia debe repugnarnos (grave o leve).

No debemos auto-engañarnos: hay religiosos inicuos, malvados, impíos, asesinos, ladrones, pederastas, violadores, estafadores, engañadores o maltratadores.

Y de todo esto debemos huir.

Como dijo Shalomón: somos antagonistas, como el agua y el aceite, como el fuego y el agua. Y esto no es optativo, nos es impuesto por el Eterno, nos es enseñado y puesto en valor por el Mesías.

Es más: Él es la personificación de la rectitud, de la justicia, del que sufre la opresión, del que recibe el golpe y es víctima del odio.

Y aquellos que fueron los inicuos, los que le golpearon, insultaron, calumniaron, los que sobornaban, los que mentían y los que despreciaron su vida física y su mensaje excelso, son los antecesores del judaísmo ortodoxos. Los más religiosos de su época.

No lo olvides nunca.

B/ ¿Por qué ocurre esto?, ¿por qué nos podemos contaminar?, más exacto: ¿por qué nos contaminamos? ¿Cómo una persona religiosa puede mostrar odio, rencor o ser injusta y malvada?

El problema es de la erosión. No del viento, sino del mundo del que nos dejamos rodear.

Esdras (Ezra) sabía de esta enseñanza tan básica:

Leamos Esdras 9: 1-5

Qué importante es identificar el pecado, la enfermedad, la avería que nos destruye.

Aunque esta sea agradable:

¿A qué hombre no le atrae una mujer bella?

¿A qué mujer no le atrae un hombre apuesto y varonil?

¿A quién lo le atrae una música agradable?

¿O el arte? ¿O cualquier cosa o actividad de sea agradable al oído a la vista, o al tacto?

Pero cuidado, porque si todo eso no está en armonía con la rectitud que nos demanda el Eterno: su camino es nuestra destrucción.

No nos engañemos, esto es así. Siempre lo ha sido y siempre los será.

Abraham lo sabía, Isaac lo sabía. Lo importante que es con quien formas tu vida.

¡Si lo hubiésemos sabido todos en su momento! ¿verdad? Pero no solo con la persona que compartimos nuestra vida, sino en todos los ámbitos.

Por eso nos es necesario el verbo aborrecer.

Debemos aprender a hacerlo muy bien, debemos ser maestros del aborrecimiento de todo aquello que el Eterno aborrece y de todos los que aborrecen lo que somos.

No hay medías tintas, no puede haber condescendencia y ni confraternización con el enemigo.

Pues eso, humanamente es traición, y en nuestra espiritualidad es apostasía.

Meditemos.