Hoy en día estamos siendo testigos de un alarde de razones y de derechos. Ante una situación determinada se aboga por actos que detengan la tiranía y la injusticia. Claro que: ¡nosotros decidimos qué es tiránico y qué es injusto!

Para poder calificar las situaciones o los actos, debemos tener un «canon», una regla aceptada por todos, una ley a la que nos sometemos todos. Lo que ocurre es que las leyes que se utilizan para estas cuestiones, son humanas y las inventamos nosotros, y por eso, lo que en un lugar es aceptado como normas de convivencia, para otros es una aberración.

Un ejemplo de norma de convivencia: La gente cree que es Israel quien rompe la paz. Porque lo normas debería ser (entienden algunos) que Israel no hiciese nada para defenderse. Da igual que caigan cientos de misiles cada semana, es algo lógico. Deben pensar algunos que el ser judío va asociado con la muerte y la opresión.

Hace años murieron tres adolescentes y nadie palestino, ningún grupo político se manifestó en España. Dan por hecho que la vida de un judío o israelí, no vale nada. Pero si muere un palestino es un genocidio.  Es más: al principio de aquella escalada, los periodistas calificaban a los tres israelíes, como adolescentes, ahora son tres jóvenes y el adolescente es el palestino, y… ¡tenían la misma edad!

¿Qué marca nuestra forma de juzgar? ¡el odio en algunos!

¿Cuál es la regla para valorar las situaciones?, ¿las leyes democráticas? ¿las informaciones de los periodistas?

¡DESDE LUEGO DEBEMOS RESPETAR LAS LEYES DE LOS HOMBRES! Pero si son superadas por las del Eterno, entonces quedan obsoletas o relegadas a un plano inferior.

Hoy quiero meditar sobre Pinjas (llamado por algunos Fines). Su nombre significa «boca de serpiente» (bonito nombre para un cohen-sacerdote). La historia relatada en la Torá es muy significativa. Recoge la historia de un reto descarado, un acto de soberbia por parte de alguien que debía ser modelo de santidad y obediencia.

El testimonio de los «príncipes» del pueblo (hace poco hablábamos de lo que significaba este término y lo que representaba. Lo vimos cuando hablábamos del episodio del agua de la roca en Meriva).

No era la gente del pueblo la que se desviaba por falta de conocimiento, sino que aquellos que debían ser modelo de obediencia y de santidad, eran los que guiaban al pueblo al pecado y a la destrucción. Por eso el Eterno marca la línea de actuación para resolver la problemática. Si la reina de corazones gritaba «que le corten la cabeza», Moshé mandó ¡Que les ahorquen a todos!, a los prevaricadores.

¿Sabéis que es un prevaricador? Uno que dicta o ejecuta una acción sabiendo que es injusta.

Este hombre: Zimrí, proviene del verbo Zamar (musical, relacionándolo con la alabanza al Eterno con música). El nombre de este personaje nos relaciona con una actividad importante: La alabanza al Eterno utilizando los instrumentos. Aquel hombre cambió la alabanza por la corrupción moral, por fornicación y la idolatría.

La Torá lo califica como un gran pecado, pero ¿qué sería hoy esta acción?: Nada, no es nada a los ojos de los hombres. La ley dice que podemos hacer lo que queramos mientras no vaya en contra de las leyes. Acostarse con alguien no es ilegal. Da igual si es pagano, musulmán, ateo o testigo de J. No se puede perseguir a nadie por sus inclinaciones sexuales. Incluso hay países (punteros) en que la pederastia está reconocida como una «opción sexual» junto con la zoofilia o la necrofilia.

Por tanto:

-Hoy puedes creer lo que quieras o no creer nada.

-Puedes fornicar con quien te dé la gana sea ser humano vivo o muerto o con cualquier animal.

¿Es esa la ley que debemos respetar? sí (para el mundo que nos rodea). ¿Es esa la norma de vida para nosotros? NO, JAMÁS.

Una cosa es la legalidad, concepto humano, otra cosa es la «Santidad», enseñanza divina.

Si nosotros decimos que somos parte del pueblo del Eterno (otra cosa es que lo seamos de verdad), ¿cuál es nuestra norma de vida? Pero más importante aún. Si nosotros somos de esos que tienen un «rango determinado» entre los hombres. Rango de servicio y de dirección, ¿qué norma utilizamos?

¿Cuál es nuestra línea?

¿Cuál es nuestro límite?

¿Qué nos hace saltar las alarmas?

¿Qué nos transforma de espectadores en héroes?

¿Qué es capaz de soliviantarnos y transformarnos en defensores de la justicia y de la santidad?

 Desde luego que la acción de Pinjas no podemos imitarla en este momento. Ni son las mismas situaciones ni el contexto es el mismo.  Pero desde luego que el celo que manifiesta sí debe ser imitado. La valentía y la coherencia de su «cargo» (Cohen) y sus acciones.

¿Quién eres?… ¡Ahora dimes como juzgas!

¿Qué dices que eres? …. ¡ahora dime como actúas!

¿Tienes boca de serpiente contra el mal? (como Pinjas)

¿O tienes boca de prevaricador?, que sabiendo lo que es la maldad y el pecado lo tapas y te haces partícipe de ello.

Adonay no perdonó a 24.000, no nos engañemos. Si practicamos el pecado, lo encubrimos o lo disimulamos, también somos culpables.

Pinjas recibió alabanza del Eterno y un pacto de su parte por ese celo contra la injusticia y el pecado.

¡Que él sea modelo a imitar! ese celo es el mismo que impulsó al mesías a golpear y lastimar a los mercaderes del templo.

Pinjas sería condenado por asesinato y Yeshúa multado o encarcelado por un delito de lesiones.

Meditemos…

Shalom.