Son muchas las entrevistas que mantengo. Y en todas o en casi todas ellas, suele repetirse una afirmación: Dios me habla donde estoy (en su iglesia, comunidad, parroquia, etc.)

Y tienden a asociar que como el “Eterno les habla asistiendo en ese lugar concreto, la presencia de Dios está allí”, o aún más: Dios no ve mal ese lugar y lo que se enseña en él.

Quiero mostrarles algo y que luego ustedes valoran si ese silogismo es válido o no.

Leamos Deut. 1:1- al 7 (con eso nos vale)

Una vez más la traducción no nos deja ver el original y por tanto el mensaje correcto: Al otro lado del Jordán, no deberíamos entenderlo en termino de lugares, sino en momentos:

Arabá: Llanura

Frente a Suf: (caña) mar rojo

Parán: jactarse, jactancia

Tofel: caída

Labán: blanco (lepra)

Hazerot: estacadas, chozas, cabañas.

Di- Zahab: de oro (becerro)

Fue en estos lugares donde el pueblo de Israel recibió la revelación del Dío por boca de Moshé.

Fue en todos estos episodios que el Eterno moldeó a su pueblo.

Jamás piensen que el hecho de que el Eterno les hable, es sinónimo de que lo estén haciendo bien.

Dice la tradición farisea: “Los neviim (profetas) fueron mandados a los necios, no a los sabios”

Y esto nos hace preguntar: ¿pero había sabios?

“Todos se descarriaron, todos pecaron, sobre todo los dirigentes, los reyes, los sacerdotes, los jueces”

¿Acaso no han leído la Torá?:

Isaías 53: 6 “todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”

Jeremías 7:30-32

Jeremías 8:8-9

Malaquías 2:1-2; 7-8

Una cosa es cierta: los profetas nunca fueron enviados para adular, sino para corregir, para reprender. Para encaminar al que se había descarriado.

Por tanto, el Eterno nos encaminó aun siendo rebeldes.

Tuvo que tratar con nosotros durante 40 años por nuestros pecados y desobediencias. Esperar que esa generación se agotase, pues el amor a Egipto estaba ciertamente en su corazón. Añoraban todo lo que comían en Egipto: pescado gratis, pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos.

Valoraban más esos productos de la tierra, que los dones del cielo. Lo que venía de los egipcios, que lo que venía del Eterno.

Y en ocasiones he visto que esa dinámica se reproduce:

  • Queremos lo gratis.
  • Valoramos aquello que no tiene valor espiritual, pero que satisface nuestros estómagos o llena nuestras cuentas bancarias.

Ciertamente, lo que vivimos es sólo parte del proceso de aprendizaje.

Nuestra experiencia vivencial no es sinónimo de rectitud o corrección, es sólo nuestra percepción basada en nuestro subjetivismo. Quiero decir, que lo que para usted es válido, para otro no lo es necesariamente. Sus circunstancias son diferentes, su cultura es diferente. Lo que para usted es pecado, para otro puede ser algo cotidiano y carente de connotaciones negativas.

Sólo una cosa es objetiva, la Torá. Y lo es porque es eterna y viene del Eterno. Lo importante no fueron sus experiencias, sino la centralidad de la voluntad divina. Por todos esos momentos y lugares se dejó claro este mensaje: sólo somos pueblo del Eterno si guardamos sus mandamientos, como lo dijo también el Mesías.

¿Y lo aprendimos en todos esos lugares, porque esos lugares y sus circunstancias eran correctas? NO. Sino porque el Eterno es misericordioso. Por eso nos mandó “escuchar”, y en medida de nuestro oír y hacer, es que somos su pueblo del Pacto. Pueblo del Eterno y fieles discípulos del mesías.

¡Afortunadamente oímos su voz, nos alejamos de la idolatría y de las mentiras de los hombres!

Shalom!