Jacob dejó la casa de su padre en Beerseba y se fue a Harán. Después de un periplo lleno de mensajes de lo alto (el sueño de la escalera) llega a un pozo y vio a una mujer, Rajel, que había ido hasta el pozo para darle de beber al rebaño de su padre. Y fue que…

«…cuando Jacob vio a Rajel… Jacob se acercó y removió la piedra que cubría la boca del pozo y le dio de beber al rebaño…» (Génesis 29:10)

Los actos de bondad, habitualmente, se llevan a cabo cuando una persona le pide algo a otra persona. Puede ser que le pida su tiempo, su dinero, su enseñanza etc. La otra persona puede decir sí o no, y si dice que sí, entonces el acto de bondad ocurre. Esta ciertamente es una acción digna de alabanza ya que la persona que dio desinteresadamente claramente realizó una mitzvá, un mandato del Eterno: Ex. 22:25 (cuando prestes dinero al pobre, no será con usura), Dt.. 15:7 (no endurecerás tu corazón, ni cerraras tu mano contra tu hermano pobre).

Esto se encuadra dentro de la acción de responder a una petición concreta. De una forma clara, una de las enseñanzas fundamentales de la Torá es la ausencia de pobres en el pueblo de Israel. Lo vemos en las leyes de Jubileo (Lev. 25)

Pero existe un nivel mucho más excelente que se puede alcanzar. Existen actos aún mayores que estos y que agradan sobre manera al Eterno (porque es lo que buscamos- agradar a Adonay). Esta es la manera de demostrar al Dío que le amamos y amamos su Torá: obedeciendo y deleitándonos en sus mandamientos.

¿Cómo se consigue ese nivel más excelso de agradar al Eterno?: cuando uno anticipa la necesidad de otra persona y sin siquiera esperar a que la otra persona lo pida, uno actúa.

Hay una enseñanza de Jacob, Rosh de Yerushalaim (hermano de Yeshúa): “el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”. También han sido recogidas unas palabras del Mesías en Lucas 6:35 “prestad no esperando de ello nada, y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo”.

Esto es precisamente lo que Jacob hizo por Rajel. Cuando realizas una buena acción de manera desinteresada, esto transforma tu buena acción y la eleva a una nueva dimensión.

En este punto podemos hablar de dos tipos de actitudes: la premeditación y la predisposición.

Jacob tuvo una acción basada en la predisposición, con seguridad habría sido la misma si Rajel se lo hubiese pedido. Sin embargo, el hecho de actuar primero, hace que la acción suba a un nivel radicalmente diferente.

Ciertamente es más difícil anticipar las necesidades de los demás y actuar, pero de esta manera, nuestras buenas acciones se transforman en actos supremos de bondad ya que fueron hechos de manera voluntaria, sin ser pedidos.

Pero si nos quedásemos sólo con la acción superficial, la que se ve y la que todo el mundo alaba, seriamos unos necios.

¡Cuanto más ignorada es tu buena acción más mérito tiene!.

¿Sabes por qué? Porque más sincera será, porque estará revestida de mayor autenticidad. Y porque hablará claro (aun en su secreto) del verdadero amor que tienes hacia ese hermano, o hacia esa persona.

Hay muchas personas a las que les cuesta pedir ayuda, (y no significa que no tengas problemas) pero si un hermano la socorre de forma voluntaria, está demostrando que es guardián de su hermano. Que en verdad la palabra de Adonay es su deleite y la Shedaká el camino de sus pies.

En estos casos, al haber tenido premeditación y predisposición, estás contribuyendo a extender la palabra del Mesías: La bondad, la justicia, la misericordia.

Puede ser que necesite dinero, consejo, ánimo, ayuda, o tan sólo ser escuchado. Sea lo que sea que necesite, estarás extendiendo tu mano hacia él (abriéndole tu corazón) y eso es una de las mitzvá que cambia el mundo.

Eso es lo que hizo Jacob por Rajel en el pozo. Su acción en aquel presente, forjó un futuro increíble.

Berajot.