Quiero compartir hoy una pequeña reflexión que emana de la Parashah semanal. No os dejéis engañar, las cosas pequeñas pueden tener un valor grandioso (un diamante, una perla). En otras ocasiones el tamaño es tomado como modelo de grandiosidad en los efectos producidos (si tuvieseis fe como un grano de mostaza, de 1 o 2 m/m). Incluso a veces los reinos o países han estado a punto de entrar en guerra por un trozo de isla deshabitada (España y Marruecos) o incluso se pueden perder derechos de primogenitura por algo tan vulgar y común como unas lentejas.

La Primogenitura:  Bekoráh, que se traduce como derecho, primero, jefe. La palabra proviene de Bakar que significa el que revienta el vientre, el primero en ser dado a luz. También la misma palabra significa madurez.

Pero la primogenitura era más que eso. Era derechos. Era un privilegio del primer nacido y así heredaba el rango de jefe de tribu, pues heredaba los derechos del padre. De esta manera era el jefe de la familia. Heredaba también una doble porción que el resto de los hermanos. Incluso en algunas culturas, donde existía el mayorazgo, se quedaba con todo lo del padre.

Leyes de Toro 1505 a 1820:

El heredero era usualmente el mayor de los hijos varones, aunque en algunos casos podía ser cualquiera de los hijos, varón o mujer que se considerara más capacitado para la sucesión. El caso más frecuente fue que heredara el primogénito varón.

Lo que se buscaba era acrecentar el poderío del noble, no dividir la riqueza, crear fortaleza en los nobles que defendían la frontera contra los posibles enemigos.

Y volviendo al relato nos encontramos con la actitud Esav (Esaú) y con la actitud de Yacov (Jacob).

Vulgarmente se ha asociado a Esaú con la ingenuidad y la Jacob con el engaño, pero el relato de lo que nos habla es de dos hombres muy diferentes.

El uno: ensimismado en sus gustos y aficiones, tosco, bruto, rudo, diestro en el campo y en la caza. Un hombre acto para sobrevivir en el mundo hostil que le rodeaba, pero inútil para la misión que tenía por delante.

El otro: dado a las labores más sociales, de tribu, de familia. No debemos pasar por alto que para cocinar hacen falta dotes, conocimientos, cocinar y hacerlo bien es un arte y tiene técnica y se requieren habilidades. Y si no me creéis mirad un programa de esos que hay de cocina.

Esaú recibió un privilegio que menospreciaba. Lo menospreció tanto que lo cambio por un potaje. Valoraba más el estómago lleno, que ser jefe de su pueblo, de su tribu. Posiblemente, porque para él lo que podía heredar de su padre no tenía gran valor. Sólo le preocupaba comer y vivir, no pensó jamás en el mañana, en el destino de su familia, en edificar un pueblo consagrado al Eterno. Me recuerda los niños de la posguerra española: mientras unos iban a la escuela, otros jugaban con una lata al fútbol descalzos y medio desnudos.

dice el Texto: y Jacob vio en el menosprecio de su hermano, la posibilidad de alcanzar aquello que para él tenía un gran valor. Y desde luego fue un acto de acierto. Es verdad que Jacob tenía muchos defectos y pocas virtudes (según el relato que nos ha llegado). Pero fue él y el trabajo del Eterno en su vida lo que hizo de él Israel. Nuestro padre.

Si Esaú heredaba la primogenitura, a lo más podía esperar criar a sus hijos en las montañas, viviendo en cuevas y vestidos con pieles de animales.

En una ocasión, un alumno mío en el colegio Eduardo Rojo me dijo: ¿para qué voy a estudiar?, ¡mi padre en el mercadillo gana más dinero que tú!

Y le dije es verdad, pero cuando estás enfermo el dinero de tu padre no puede curarte, necesitas ir a un médico, que es alguien que estudió mientras tu padre vendía ropa en el mercadillo.

Como judíos, debemos ser diseñadores y constructores de futuro.

Esto nos debe dejar una enseñanza fuerte, impactante. Valora lo que tienes, analiza tu vida, quien eres y lo que eres. No sea que estés despreciando lo que el Eterno te ha hecho o te ha dado. No sea que estés tan entusiasmado con tus placeres y gustos, con tus trampas de caza y la vida que te has creado, que lo verdaderamente importante de esta vida, lo estés pisoteando como un estúpido.

Sí, estúpido: persona falta de inteligencia, torpe o necio. Estupidez: tontería o algo que no tiene lógica.

¿Habrá algo más estúpido en el ser humano, que despreciar los dones del Eterno?

¿Habrá algo comparable a desechar un gran futuro en las manos del Eterno, por los placeres de una vida que se extingue? (la vida mata)

Quizás por eso en vez de llamarles Edom a sus descendientes (rojo), deberían haberles llamado Evil: perverso, necio, insensato, torpe.

Porque teniéndolo todo, lo cambio por un potaje que lo mismo que entró por su boca, luego fue desechado el resto a la letrina (que entonces no había inodoro).

No seas como Esaú, que no fue capaz de valorar lo que tenía y lo desecho por cosas superfluas y secundarias.

Valora qué tienes, quienes eres, lo que haces y lo que estás construyendo.

Valora lo que el Eterno hace en tu vida, lo que te ha prometido y lo que has dejado atrás.

Así y sólo así, serás feliz y harás felices a otros, construirás tu mundo y harás un mundo mejor para los demás.

Y si te gustan las lentejas, genial, a mí también. Pero valora lo que tienes y no lo cambies por nada.

Pensemos al respecto.

Shalom.