El texto en cuestión en este día, es un tanto peculiar. Tiene unas características diferentes a otros. Normalmente entendemos que pecado es la desobediencia a la Torá de Adonay. Pero lo que hace a este pecado diferente es que la Torá no había sida aun promulgada. No habían aun recibido los mandamientos del Eterno, es más: estaban en ello. Moshé los estaba recibiendo. Entonces ¿qué es lo que pasó?: El pueblo le fue infiel a Adonay, no a su palabra, sino a él mismo. Si desobedecer la Torá es pecado, podemos ver lo que es renegar del Eterno, serle infiel o ¡¡menospreciarle!!.

         He de deciros que esta porción de la Torá ha sido muy comentada y debatida, De los comentarios a reseñar está (por supuesto) Rashi.

         Pero su comentario es uno de tantas explicaciones falaces (falaz: mentira o engaño de forma encubierta). Un nuevo axioma:

«Cuando falta la dirección el desvío está asegurado»

         Los autores de la Guemará enseñan (talmud) que no pretendía Israel hacerse unos dioses que adorar, sino que buscaban un intermediario, y que ese fue el pecado de Israel, buscar un mediador entre Adonay y los hombres.

 «Al día de hoy aún no han entendido cual es la misión del Mashiaj»

         Pero la realidad es otra, la Torá es clara: Ellos buscaban dioses de fundición (según lo practicado en Egipto) que les guiasen en sus periplos futuros.

Ciertamente: ¡O no habían entendido nada (algo difícil de creer después de la manifestación del poder de Adonay) o prefirieron hacer su parecer!

Claramente percibimos que hay dos fuerzas antagónicas:

a/ Hacer la voluntad de Elohim

b/ Hacer la voluntad de Adam (la propia)

No son complementarias, ni cohabitan la una con la otra.

         Muchas veces hablamos de obedecer a Adonay, de que nos es necesario cumplir con las mitzvot. Pero con las mitzvot ocurre lo mismo que con los milagros (mofet: señal, símbolo, prodigio, maravilla, portento) no son un fin en sí mismos, sino un medio.

         ¡Los milagros son un medio para confirmar la autenticidad del mensaje del Mashiaj y la autenticidad del Mashiaj!

         Los mitzvot son un medio para acercarse al Eterno.

         No son un fin en sí mismos, nos sirven para poder percibir algo de la «personalidad del Eterno», su esencia.

         Tal es así, que es imposible percibirle, ni amarle, sin guardar sus mandamientos.

No los guardamos por temor.

No los guardamos por egoísmo.

No los guardamos por vanidad.

Sino por amor

         Y sólo se puede entender esto si en verdad se ama al Eterno.

         Cuando uno ama está dispuesto a todo (da igual el precio, el esfuerzo, el sacrificio o la pérdida). Esa persona y lo que representa para nosotros anula nuestros intereses personales y transforma el esfuerzo en algo irrisorio y sin valor.

         «El amor al Padre debe ser aún más impetuoso y más arrebatador que el que se produce entre de dos personas»

         El pueblo de Israel asoció la construcción del becerro a su falta de conocimiento: «haznos dioses…. no sabemos qué le haya acontecido»

         Por eso es tan importante el conocimiento de la Torá. Algunos pueden ser muy religiosos: oran (que no rezan, porque según ellos es más espiritual (significa lo mismo), el término sería plegaria (tefilá). Ayunan, se arrodillan, lloran, saltan, gritan, cantan…., pero si no obedecen la Torá: es sólo impiedad, religiosa, pero impiedad (Idolatría en sus diferentes caras).

         Sabemos las consecuencias de lo que pasó:

«Juicio, muerte, cambio de planes de Adonay, extrañamiento»

         No podemos distraernos de algo tan importante: «la Torá fue, ha sido y será siempre la manifestación física de la voluntad de Adonay, eternamente»

         Es muy fácil caer en normas y doctrinas humanas, que nos alejan de la voluntad de Adonay (disfrazadas de espiritualidad). La gente cae en esas redes y están más preocupados en ser fieles cumplidores de las normas humanas, que el obedecer al Eterno.

«Recuerdo que en una ocasión alguien dijo: El conocimiento envanece, el amor edifica» (sacado de contexto, claro).

         Pero lo que realmente envanece es el conocimiento humano, no conocer la voluntad divina (que te guía e ilumina) «lámpara es a mis pies tu palabra» (salmo 119:105).

         Y lo que realmente edifica: es el amor al Padre, no el apego a doctrinas humanas o prácticas religiosas.

Conclusión: Es muy fácil hacernos falsos dioses o construir becerros. Sólo basta con tener algo a lo que estimemos mucho o valoremos mucho, y colocar eso por encima de Adonay, de la voluntad del Eterno, la Torá. Ellos cogieron joyas, les cambiaron la apariencia física y lo colocaron por encima de la voluntad del Eterno.

         ¿Te han enseñado que la Torá no es válida?, cuidado!!! acabarás con becerros de oro. O viviendo una idolatría adornada de religiosidad y siendo como borregos.

         Seamos fieles a aquel que nos llamó para cumplir su voluntad.

¿Amén?



Rabino Mijael Sofer.