Bejukotai

                                                                                                              03/05/2019

Levítico 26-27                                                                                

 La semana anterior la parashá finalizó con el libro de Vaikrá, en concreto con los dos últimos capítulos: el 26 y el 27. No podemos pasar por alto el contenido tan sumamente importante que se recoge en el capítulo 26.

Es una advertencia conmovedora por parte del Eterno de lo que ocurre si cumplimos o por el contrario desobedecemos sus mandamientos. Indudablemente esta advertencia es para su pueblo Israel. El Eterno escogió a un pueblo (Israel, al que jamás desechará), lo sacó de la esclavitud (de Egipto) para que lo sirviera siempre en libertad.

 Nos dio la Torá para cumplirla porque sólo así podemos ser libres. No debemos asociar la Torá con ‘’ley’’ en el sentido estricto de la palabra, sino con ‘’enseñanza e instrucción’’, que es lo que realmente significa. Es un modo de vida.  Como judíos debemos de tener claro que habiendo recibido la voluntad del Eterno, si no lo cumplimos, recibimos su maldición. Esto puede ser algo difícil de aceptar, pero es su palabra. La clave y lo que nos demanda el Eterno puede verse reflejado en un salmo maravilloso: 119

‘’ ¡Cuán bienaventurados son los de conducta intachable, los que andan en la Ley de Adonay! ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón lo buscan! En verdad no hacen iniquidad porque andan en sus caminos, tú nos has encomendado tus preceptos para que sean muy guardados’’

Pero ¿qué ocurre si no guardamos sus preceptos?  Como he explicado anteriormente, lo que se recoge en Vaikrá 26 es una advertencia y las consecuencias de vivir o alejarnos del modo de vida que Él quiere para nosotros.

Meditemos y no caigamos en el error de ‘’no ver’’ la palabra del Eterno como advirtió Isaías 42:19:

‘’ ¿Quién es ciego sino mi siervo y sordo sino el mensajero que envío? ¿Quién  es ciego como el emisario, y ciego como el siervo del Eterno? Mucho mirar, pero no te percatas […] 24: ¿Quién entregó a Jacob al saqueo, a Israel a los depredadores? ¿No fue acaso Adonay contra quien pecamos, en cuyos caminos no se quería andar, ni cuya instrucción se daba oído?’’

Como judíos tenemos obligaciones y responsabilidades. Si no obedecemos seremos desechados. Debemos de tener claro que todo lo malo que nos ocurre es consecuencia de nuestro pecado. Por tanto: meditemos, contemplemos sus mandamientos, alabemos con rectitud de corazón, aprendamos sus justos preceptos y ¡Guardémoslo!

 

Shalom