Parasha

                                                                                                                                    27/05/2019

 

Levítico 25-26:1

Hemos tenido ocasión de meditar sobre la trascendencia de la parashá correspondiente a la semana anterior.

 ‘’El Eterno habló’’: es así como empieza esta porción, donde se recogen temas de la vida cotidiana de las personas de aquella época. Algunos temas son los siguientes: cosechas, posesiones de tierras, riquezas, relaciones con los hermanos y extranjeros, esclavitud, etc.

Efectivamente el Eterno habló a Moshé sobre cómo actuar en el vivir cotidiano. A la hora de acercarnos a la Toráh es fundamental contextualizar (siempre insistiré en ello) para poder entender lo que El Eterno nos demanda y poder aplicarlo a nuestras vidas.

Existe una serie de principios básicos inmersos en esta porción de la Torá que debemos tener claro como judíos. Son los siguientes:

1. La palabra del Eterno (lo que Él habló) es para guardarlo y cumplirlo.

2. La proporcionalidad y la justicia.          

3. Ser ‘’redentor’’ para los hermanos.

El primer punto nos habla de lo que el Eterno manda e impone para que vivamos haciendo su voluntad. La espiritualidad se mide en base a la obediencia. Si no hay cumplimiento de sus mitzvot NO somos personas consagradas al Eterno. ‘’ Acordaos de todos mis mandamientos y cumplidlos, para que os consagréis a Adonay vuestro Dío’’. Y el pueblo dijo en el monte Sinaí: ‘’oiremos y haremos’’. Cuando se vive haciendo la voluntad del Eterno es cuando empiezan los cambios. Esta porción nos enseña que nuestra escuela de santidad se encuentra en el vivir cotidiano.

El segundo punto es la proporcionalidad y la justicia: sin justici, verdad y misericordia no hay santidad.

El tercer punto nos habla de la relación con el hermano (cercano) e incluso con el extranjero. El Eterno nos impone amar al prójimo. Por ello jamás se nos debe pasar por la mente que El nos debe dar el amor por el semejante: es nuestra obligación. En esta porción queda reflejado a través de la protección y sustentación (v.17: ‘’Ninguno oprima a su prójimo. Temerás al Adonay tu Dío, porque Yo soy El Eterno vuestro Dío’’).

Es interesante como concluye el v 55: ‘’porque los hijos de Israel son siervos para mí, siervos míos son, a los cuales saqué de Egipto.’’

Debemos entender por tanto, que para ser siervos del Eterno necesitamos hechos y acciones. Las palabras en la mayoría de las ocasiones por sí solas no solucionan los problemas, y sólo con palabras uno no se consagra al Eterno.

Nuestra consagración se encuentra en el día a día: cumpliendo sus mandamientos, buscando la justicia, y amando a nuestro prójimo.