Shalom estimados lectores.

La porción de esta semana contiene aproximadamente 50 órdenes o leyes establecidas por el Eterno a su pueblo, a todos aquellos que quieren ser pueblo del Eterno. No se puede ser pueblo sin Torá, igual que no hay nación sin leyes. Las leyes, o decretos (mishpatim) no están establecidos por capricho o con algún propósito absurdo o sin sentido. La finalidad de los mandamientos que el Eterno nos da, obedece al objeto de ser un pueblo santo, un pueblo que se caracteriza por una forma de vivir excepcional. La diferencia debe ser notoria, por eso el Mesías nos enseñó algo muy importante: nuestra obediencia a la Torá debía ser mayor que la de los escribas y fariseos. Ya sabemos cómo ha sido traducida (Mateo 5:20), han utilizado la palabra “justicia”, pero se refiere a cumplir las órdenes dadas por el Eterno, sólo basta con leer el contexto con imparcialidad y objetividad. Esas órdenes, establecidas por el Eterno, deben ser cumplidas de forma excelsa. Sólo basta con leer la porción de esta semana para descubrir el por qué. Por poner un ejemplo, veamos el capítulo 21:

9: no se puede disminuir los derechos de una esposa.

12: pena de muerte al asesino.

16: el que secuestre a alguien tendrá pena de muerte.

Pero sin hacer referencia a órdenes tan expeditivas:

Si un sirviente era herido en su ojo, o en su dentadura, el siervo debería quedar libre.

Muchos ven en estos pasajes venganza. Otros ven proporcionalidad de la pena con el mal causado. Pero los mandamientos también nos hablan de responsabilidad. Responsabilidad con el mal causado, con la herida infringida, con el gran delito cometido (el asesinato).

Vivimos en un mundo donde el ser humano no se responsabiliza de sus actos y siempre buscamos excusas para justificar nuestros pecados, nuestros delitos.

Responsabilidad, el Dío nos demanda responsabilidad, somos nosotros los responsables de nuestras acciones u omisiones. Y son tan graves (algunas) que sólo el Mesías puede ser el Goel.

La esencia de esta parashá la vemos proyectada en Isaías 53:5.

Meditemos.

Rab. Mijael Sofer

Shalom