
¡Shalom, estimados!
Suelo enseñar que las preguntas son muy importantes. Un juez llega a sus conclusiones, a sus sentencias, a través de las preguntas que formula.
Hoy yo quiero hacer unas preguntas:
- ¿Qué es un tesoro?
- ¿Cómo se cataloga?
- ¿Cuál es tu tesoro?
- ¿Es lo mismo para todo el mundo?
- ¿Alguien tiraría aun basurero un cuadro “viejo” de 20 millones?
- ¿Qué es lo más importante que hay en el catolicismo?
- ¿Qué es lo más importante que hay en el protestantismo?
- ¿Qué es lo más importante que podemos encontrar en el judaísmo rabínico?
- ¿Qué es lo más importante que nos dio el Eterno?
- ¿Qué era lo más importante que había en la Torá?
- ¿Cuál es el tesoro que nos dio el Eterno?
La porción de esta semana nos da muchas pistas sobre lo que era más valioso y lo más importante, que tenía el pueblo de Israel.
Digo tenía porque ya no lo tiene, pues lo perdió por su idolatría.
En la porción de esta semana, que iniciamos con el libro de Números (Bamidbar), podemos ver algo muy importante, podemos ver una tasación. Lo importante de esta puesta en valor es que el peritaje lo hace el Eterno.
Me explico: El Eterno escoge a una familia de los levitas, los qehatitas. Ellos serían los ÚNICOS que podrán transportar todo lo que componía la Tienda de Reunión. En la Torá se denomina a estos objetos como “santísimos”. Los términos en hebreo son dos, pues no existe tal palabra en hebreo. Santísimo se forma con un singular, un artículo y un plural: Kodesh haKodashim (santo el santos). Todos los objetos que componían la denominada Tienda de Reunión, se les denominaba Santísimos. Sólo podían ser llevados por los “qehatitas”, Números 4:4.
Pero no podemos pasar por alto algo muy importante, sólo Aarón y sus hijos podían desmontar la tienda. Y nadie, absolutamente nadie de los levitas, ni siquiera los qehatitas, podían mirar lo que había dentro del Santuario mientras se desmontaba. Y esto debido a la santidad de cada objeto. Pero además, todo trabajo relacionado con el santuario tenía un supervisor que cumplía una labor única y trascendente, 4:16.
La amonestación es clara: el infringir los mandatos del Eterno acarreaba la muerte.
¡Cuán terrible! ¿Verdad?
Ahora pregunto: ¿En verdad alguien puede creer que lo mandado por el Eterno es insignificante o pecaminoso? Algo tan especial como las instrucciones dadas por el Eterno ya no sirven, han sido derogadas o no tienen ningún valor?
Desde luego, si Moshé o Aarón escuchasen a algunos, se rasgarían las vestiduras.
Meditemos en ello.
Berajot
Rabino Mijael Sofer.