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Shalom estimados
La porción de la Torá que se lee y se reflexiona esta semana, tiene un contenido de suma importancia para aquellos que se autoperciben como el pueblo de Dios, el Israel espiritual o el Israel verdadero.
Sé que lo hemos leído muchas veces. Es el texto recogido en los versículos 5 y 6 del capítulo 19. Podemos resumirlo de una manera clara y sencilla:
“Si obedecemos la voz del Eterno y guardamos su pacto (con todo lo que implica): seremos su pueblo predilecto, seremos un reino de sacerdotes y una nación santa.”
Muchos profesionales de la religión han hecho énfasis en argumentar que son real sacerdotes y nación santa (los que son miembros de su corral particular), pero se olvidan del condicionante para ser reconocidos como su pueblo (el predilecto). Ese requisito se repite por innumerables ocasiones por todo el Tanaj y por los documentos de los discípulos del Mesías: No es otro que la obediencia a la Palabra del Dío de Israel.
Si no hay un compromiso de fidelidad a lo que el Eterno nos ordenó en el Sinay, ¿de dónde sacamos que somos su pueblo?
Muchos siglos llevamos siendo engañados por los que dicen que la Torá ya no hay que guardarla, o por los que dicen que hay otra Torá (llamada por ellos oral). Creer sus afirmaciones nos harán un “buen cristiano” o un “buen judío” (la corriente farisea ahora se denomina judaísmo auténtico), pero no podríamos ser calificados de la misma manera que aquellos varones seleccionados por Moshé (Éxodo 18:21).
¿Por qué no?, porque no pueden ser calificados como temerosos de Elohim.
Desgraciadamente, los religiosos de hoy no guardan los mandamientos del Eterno, ni son fieles al Pacto que aceptamos a los pies del Sinay.
Sin ese pacto, sin la obediencia a los mandamientos del Eterno, no somos su pueblo, solo somos esclavos. Esclavos al mayor de los pecados que podemos hacer: la rebeldía al Eterno.
Por ese pecado millones han muerto y también han sido oprimidos.
A los desobedientes se les olvidó lo que nos dio escrito el Eterno en las tablas: Que Él hace misericordia a millares a los que le aman y guardan sus mandamientos.
A día de hoy son miles, los que cada día, se preguntan por qué el Eterno no escucha sus oraciones.
¡Cómo se ha extendido la desobediencia!
Rab. Mijael Sofer PhD.